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24 de abril de 2014
 

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23 de junio: Día Nacional del Abogado PDF Imprimir Correo


Javier Vílchez

 

 

El 23 de junio se celebra en Venezuela el Día del Abogado por iniciativa de la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela, que solicita se celebre en esa fecha para conmemorar el natalicio de Cristóbal Mendoza, quien nació en Trujillo el 23 de junio de 1772.

 

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La Dama de la Justicia 
Pintura: Ender Carrizo (Colección LUZ)

Este hombre formado en el campo de las leyes ocupó destacados cargos en nuestro país como el de Primer Presidente Constitucional de la República de Venezuela en el año de 1811 y fiel compañero de luchas del Libertador Simón Bolívar. El origen histórico del término abogado tiene sus raíces en la voz latina advocatus y en el verbo advocare que significa llamar.

 

El abogado es el profesional que representa a una persona ante una situación judicial, que asume su defensa y protege sus intereses. Cuando un abogado asume la representación profesional de un cliente tiene el deber de realizar su labor con celeridad y compromiso, empleando para ello su conocimiento y habilidad en beneficio de su representado, su desempeño debe enmarcarse dentro de la ley, esencialmente en su espíritu y los propósitos que la originaron.

 

Es indispensable que tenga plena conciencia de la importancia de su labor, como guardianes de la equidad y la justicia. En él recae el peso de propiciar y mantener un sistema de justicia eficaz y confiable, en fin, se definen como instrumentos de hacer justicia. El abogado, no solamente debe ser honesto, sino también parecerlo, porque la opinión pública tiene en general una imagen distinta lo que no limita el hecho de que cada día exista un mayor número de Facultades de Ciencias Jurídicas y Políticas y por ende una gran cantidad de estudiantes.

 

En definitiva se trata de una profesión muy noble, tal como lo señala Ciaurati en su Arte Forense: “Dad a un hombre todas las dotes del espíritu, dadle todas las del carácter, haced que todo lo haya visto, que todo lo haya aprendido y retenido, que haya trabajado treinta años de vida, que sea en conjunto no literato, un crítico, un moralista, que tenga la experiencia de un viejo y la infalible memoria de un niño; y tal vez con todo esto formaréis un abogado completo”. 




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